lunes, 30 de noviembre de 2015

D ~ LOS ENCADENADOS.

Era capaz de ver más allá de incluso la mente, de usar mucho más potencial cerebral que un humano promedio.

De mirar a una persona, y tan sólo con verle el rostro y el gesto, averiguar los colores que la habían perseguido, se podía imaginar perfectamente qué tipo de salón presidía su casa. Y no se equivocaba; ya se había encargado de comprobarlo varias veces.

Al igual que podía sentir el amor hacia él, podía sentir el amor que se profesaban quienes conocían el secreto.
Miles de cadenas finas, pero muy resistentes, alrededor de su persona y de las citadas.

Era hipersensible.
Podía ponerse cualquier canción y sentir en cada hemisferio del cerebro, en cada poro de la piel, en cada retazo del alma, ese vínculo.

(¡Azules oscuros! ¡Una avenida elegante con tonos perla! ¡Un día soleado! ¡Una broma entre un hombre delgado y una mujer de ojos risueños! ¡Qué excéntricos! ¡Qué maravilla!)

Era una especie de vampiro de una esencia. El Amor. 



Qué típico. Pues bien, lo típico es todo lo contrario, que se cree el quiz de la cuestión ya que, como cualquier buena sustancia que se precie, hay falsificaciones que se venden fácilmente, confundiendo a quienes está claro, no saben reconocer el verdadero y tan ansiado elixir.

No todos han nacido para beberlo cada día, ya que no todos han nacido para encontrarlo, al igual que se nace sin un talento.

M.R.C. 

En detrimento de la humildad. En condimento de elitismo.












lunes, 23 de noviembre de 2015

~ B/C/D ~ VERITATITIS, LA ENFERMEDAD DEL EGO GRANDE

Tengo absoluto control sobre la verdad absoluta. La tengo en posesión y la utilizo, y me halagáis, o no. Si no me halagáis, también la tenéis vosotros.
 

Si lo hacéis, la compartís.

La verdad siempre está, en forma de mentira o de lo cierto.

Pero quién sabe domarla. Pues yo, claramente.
Qué prepotente ¿verdad?

¿Ves? "¿Verdad?"

La vuelvo a tener. Soy increíble y vosotros no.
Porque vosotros, quienes me la dais, me seguís.
Y si me seguís estáis detrás. Y si no me la dais, estáis más detrás aún, porque estáis equivocados.

Qué bonito que lo estéis y yo no.

Qué estupendo tenerla entre rejas.

Entre las cejas. 


                
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¿Por qué se genera un debate, y triunfal, quien es más apoyado, (porque, según el relativismo, quién está objetivamente en lo cierto), se acurruca en los cojines de la ignorancia, con todo lo que parece saber en lugar de enseñar, con empatía y tolerancia, aquello que cree tan cierto y beneficioso para la humanidad?


Porque es más tentador tener la plata uno sólo que un oro entre varios.
Porque Egonar Ciso necesita ser alimentado, es un bebé que necesita cuidados, o, en caso contrario, Inse G. Uridades extenderá el catálogo tan extenso del que dispone en todo momento y le ofrecerá los productos necesarios para cuidarle de forma bastante ineficaz.


M.R.C.



















viernes, 20 de noviembre de 2015

D ~ EMBARRA(DA)SSED

Avergonzado, 

dice,
el que no se agradece
a sí mismo.

Sinvergüenza,
me llama.
Qué pereza
conocer mejor a quien antes acunaba en la cama.

Será una racha.
(De aire frío).

Será una flecha
más, en el río.

Y luego calma
que ese río mece
tras el seísmo.


M.R.C. Retrato de un hombre a la inseguridad pegado.


lunes, 9 de noviembre de 2015

C/D ~ LA VIDA COLOR PINK. FLOYD ~

No está bien desear demasiado.
Y demasiado no es desear que siga todo en su sitio.

El presente jamás tuvo mejor nombre. Casi redundante.
Aunque deseo de lejos que el presente sea por siempre futuro.
 

Veo mi vida como una valla revestida de un genial encalado.
Encalado cuyo olor es más potente que el litio.
Dejando en precioso caos a la mente y el hombre...
ahí ni se inmuta, tan elegante.
Y seremos buque, viejos, con la memoria de un elefante del blanco más puro.

Y no otro ladrillo del muro,

como nos recordara cierto grupo con saña, con un suave gesto, el mensaje duro.



M.R.C.


 







viernes, 4 de septiembre de 2015

C/D ~ EL POZO ~


Aún recuerda con escalofríos esa sensación de llegar a estar rodeado por una multitud nunca tan lejana en aquel patio de butacas del teatro de la casa cultural de su ciudad. 


Los diálogos surgidos de bocas esforzándose desde el escenario llevaban un velo que impedía que se escucharan, aun oyéndose.

Al día siguiente en la clase de música, de lo mismo. Lo que normalmente eran melodías seguidas de bromas, resultaban ecos huecos, vacíos. 

Una caja de cristal tintada de negro lo suficiente para permitir ver todo lo que sucedía alrededor, pero no mantener contacto con ello, le rodeaba. Por más que extendía la mano para intentar tocar algo, las caras de la caja no le dejaban lograrlo.

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A veces se había encontrado al borde de un pozo, incluso se había metido, pero salía siempre como el agua que a alguien le da por salvar para beber. Protegido en un cubo, fresco. Esta vez no era así; esta vez llovía y llovía, y él caía y caía dentro del terrible agujero. Quería que hiciera calor para poder evaporarse y salir sin ayuda.

Pero el cielo no paraba de llorar, él en consecuencia, tampoco. ¿Cómo iba a venir alguien a sacar agua del pozo con este temporal? 

¡Pues siempre hay alguien sediento!

Y tanto que lo había. Vinieron dos y tres, y cuatro y... ¡cinco personas o más! Con muchos cubos cada una excepto la última, que llevaba dos muy grandes.

Comenzaron a sacar el agua sin dejar gota.

Sin dejarle más tiempo en el maldito pozo. Sacándole de la caja de cristal, que se resquebrajó en mil pedazos, ayudando a sus oídos taponados a escuchar. A sus ojos cegados a ver. A sus manos paralizadas a tapar para siempre aquel infierno tubular.


M.R.C.







jueves, 9 de julio de 2015

D ~ PURISTA.

A usted:

Imagine un ser incorruptible,
del hilo sensible 
que apenas ya queda.

De los que, a pesar de su voz queda,
mantienen en vereda,
con su labia terrible.

La generosidad inimaginable.
La honestidad y humildad incorregible.
La fidelidad, en su vestimenta, la seda.
 
Quien bien podría ser un héroe en la obra de Espronceda.

Pirata únicamente criminal de hurtar verdad para repartirla. Apreciador de lo bello, de lo bueno. Conversor de lo horroroso en lo exquisito.

Yo que soy de gusto refinado, al menos lo ha confirmado el hecho de fijarme en la persona de usted, sé bien lo que estoy repartiendo: otra verdad grande.

Una nota musical hace al brillo de la perla que se aposenta en el hueco que desearan muchos oseznos tener como cueva, acogedora. Cada paisaje grita su nombre, señor, cuando las brisas mueven el entorno, cualquiera que haya de ser por el que paseo, haciendo redundante su recuerdo, que ya es decir lo que remermoro cuando es fuerte mi gusto por lo que lo hago. Los poros de ese mármol, el perfecto césped donde descansar. Y así que es el sueño, claro, de ensueño. El arpa se creó cuando sus cuerdas de canto, porque no es voz, sino una coz en el pecho medio izquierdo, una música, varón de buen sentir, estuvieron destinadas a que el mundo las conociera.

En definitiva, en ocasiones me regocijo en la posibilidad de haber fallecido joven, y haber alcanzado el paraíso que siempre han prometido los optimistas temerosos.

No se lo imagine usted más y refléjese cuanto antes donde pueda, que lo va a ver justo delante de sus ojos de campo, pardos y oscuros.


¿Cuántas alabanzas bien merecidas le habré dedicado ya? Ha ya tiempo. Cronos me mira con ojos, aunque burlones, tiernos y fraternales por ello. Lo sé porque Cronos nos ha cuidado y ojalá así decida que ha de seguir siendo.

M.R.C. Por usted, en la euforia.



















martes, 23 de junio de 2015

A / C / D ~ SO, PORTE.

- Hola, soy yo.
- ¡Qué alegría verte! Pasa y fundámonos.



Fase 1: el soporte te desafía vacío. Te mira como diciendo: "a ver, qué sabes hacer".

Fase 2: estás nervioso. Es lo que él quería, al fin y al cabo.

Fase 3: una línea básica tras otras, tejiendo el encaje. Te pones más nervioso. A veces hay que deshilachar.

Fase 4: va tomando la forma que deseabas, pero aún no lo reconoces y sigues tejiendo.

Fase 5: ya concide con lo que buscabas con tanta ansia. Pasas a los detalles. Dibujas tranquilo. Te enteras de lo que estás escuchando en el reproductor. El soporte queda sumergido en un hastío por el que incluso te agradece.
 


Orgulloso, lo miras como a un hijo.


M.R.C.